Revistas que me cambiaron la vida: Arqueología del Motor y pasión sobre Papel

Dicen que somos lo que leemos, y en mi caso, esa afirmación es una verdad absoluta. Mi madre solía decirme que yo era una especie de “Don Quijote” del motor; así como el hidalgo de Cervantes perdió el juicio devorando novelas de caballería, ella estaba convencida de que yo terminaría igual de tanto leer revistas de coches. Hoy, mirando hacia atrás, solo puedo confirmar que tenía razón. Esas páginas, impregnadas de olor a tinta y grasa, fueron mi verdadera escuela, mi “droga dura” y el motor que impulsó mi carrera profesional.

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He realizado una labor de auténtica arqueología para rescatar de mis estanterías diez ejemplares concretos. No hablo solo de cabeceras, sino de números específicos que, por una razón u otra, marcaron un antes y un después en mi formación como aficionado y como periodista. En esta selección no solo hay datos técnicos; hay sueños, descubrimientos y la base de lo que hoy es “Garaje Hermético”.

Fórmula, Núm. 114 (Abril 1965): La Barqueta Torralba Iresa

Este ejemplar es el inicio de todo. En sus páginas descubrí la Barqueta Torralba Iresa, un proyecto que para un joven entusiasta era la personificación del sueño máximo: fabricar tu propio coche de competición. Ver los detalles del chasis, la disposición mecánica y el ingenio volcado en una máquina pensada exclusivamente para la velocidad me enseñó que el automovilismo no solo era conducir, sino crear. Fue el artículo que me hizo entender que detrás de cada cronómetro hay un esfuerzo de ingeniería humana fascinante.

Fórmula, Núm. 48 (Octubre 1970): El enigmático NSU Ro80

En 1970, el mundo del motor era mucho más hermético que hoy. No había internet y la información llegaba a cuentagotas. Cuando cayó en mis manos este número con la prueba del NSU Ro80, me quedé perplejo. Era un coche revolucionario, con motor rotativo Wankel, una berlina que parecía venir del futuro. Aquel artículo no solo me descubrió un coche desconocido; me enseñó que la técnica podía tomar caminos alternativos y que la innovación, aunque a veces sea arriesgada o incomprendida, es lo que hace avanzar a la industria.

Autopista, Núm. 677 (Enero 1972): El Renault 5 y el Renault 6

Este número es una joya histórica. Por un lado, presentaba al mundo el Renault 5, un coche que iba a cambiar el concepto de utilitario moderno. Pero lo que realmente me marcó fue la prueba del Renault 6 firmada por el maestro Arturo de Andrés. El R6 era “nuestro” coche en aquel momento, y leer un análisis tan riguroso, técnico y honesto sobre un vehículo cotidiano me hizo comprender la importancia del periodismo de motor: elevar el coche de calle a la categoría de objeto de estudio profundo.

Fórmula, Núm. 126 (Octubre 1975): BMW 2002 Turbo

Si hay un artículo que he leído hasta la saciedad, es este. El BMW 2002 Turbo era una bestia indomable, el primer coche de producción europeo en montar un turbocompresor. La revista desgranaba su temperamento, su entrada de potencia brutal y esa estética con el nombre “Turbo” escrito al revés en el spoiler para que lo leyeras por el retrovisor antes de que te adelantara. Aquellas páginas no eran solo una prueba; eran pura adrenalina impresa que alimentaba mi imaginación durante noches enteras.

La Moto, Núm. 22 (Julio 1976): Técnica en el Mundial

Aunque mi vida se ha centrado mucho en las cuatro ruedas, mi curiosidad mecánica no tiene límites. Este número de La Moto me fascinó porque se atrevía a mostrar las “tripas” de las máquinas del Mundial de Velocidad. Ver los cortes esquemáticos de los motores de dos tiempos y, sobre todo, la complejidad técnica de los sidecares de competición, me dio una visión mucho más amplia de la dinámica y la termodinámica. Fue una lección de anatomía mecánica que todavía conservo en la memoria.

Vida del Automóvil, Núm. 5 (Marzo 1977): El Milagro del Montecarlo

Aquel marzo de 1977, el orgullo nacional estalló. Un Seat 124 terminaba tercero en el Rallye de Montecarlo, otro cuarto y otro séptimo. En una época donde España apenas asomaba al panorama internacional, aquel hito fue un sueño hecho realidad. La revista narraba la epopeya de los pilotos españoles luchando contra la nieve y las marcas oficiales más potentes. Ese número me enseñó que, con pasión y buenos técnicos, David podía mirar a los ojos a Goliat.

Autopista, Núm. 1048 (Abril 1979): Seat 124/2000

Este ejemplar es especial por una conexión personal que perdura hasta hoy. El artículo sobre el Seat 124/2000 (el famoso “FL-90”) me enamoró de un coche que representaba la máxima expresión del deportivo nacional de la época. Lo curioso es cómo la vida da vueltas: gracias a ese interés que nació en 1979, recientemente pude probar una unidad espectacular propiedad de Jaime Sánchez, cerrando un círculo que se abrió hace más de cuatro décadas en aquellas páginas amarillentas.

4 Tiempos, Núm. 6 (Marzo 1980): Jacky Ickx por Javier del Arco

Aquí hablamos de palabras mayores. Javier del Arco era un maestro, un artesano de la palabra y la historia del motor. Su entrevista a Jacky Ickx no era una simple sucesión de preguntas y respuestas; era una lección magistral de vida, competición y superación. Aprendí más sobre el espíritu de un piloto en ese número que en años de ver carreras por televisión. La revista 4 Tiempos fue, sin duda, una de las publicaciones más elegantes y profundas que han existido.

Mini Auto Sprint (Mayo 1982): La Fórmula 1 del Slot

La pasión por el motor no siempre requiere gasolina real. Este número me abrió las puertas al mundo de los “Free Class” del Slot (Scalextric). Descubrí que había una competición tecnológica paralela, con chasis de fibra de vidrio, motores bobinados a mano y neumáticos de espuma. Tal fue el impacto que hoy en día todavía conservo un par de esas joyas mecánicas a escala, recordando el día en que una revista me enseñó que la ingeniería se puede disfrutar incluso en el salón de casa.

MAXI Autosport, Núm. 1 (Diciembre 2002): El F1 de Alonso y el WRC de Sainz

Para terminar, un ejercicio de honestidad y “barrer para casa”. Este fue el primer número de un proyecto en el que puse toda mi ilusión: MAXI Autosport. Probábamos el monoplaza de Fernando Alonso y el coche de rallies de Carlos Sainz. Fue un proyecto ambicioso que, aunque arrancó con una fuerza increíble, acabó fracasando por diversos factores técnicos y logísticos. Sin embargo, lo incluyo porque las revistas no solo me enseñaron a amar los coches, sino que también me enseñaron la dureza y la belleza de intentar crear contenido propio.

Conclusión: El legado del papel

Soy lo que soy, como profesional y como aficionado, gracias a estos editores, periodistas y fotógrafos que llenaban estas páginas. Ellos fueron mis mentores a distancia. En cada una de estas revistas había un rigor y una pasión que hoy, en la era de la inmediatez digital, a veces echamos de menos.

Yo solo quería hacer eso: escribir sobre coches, explicar por qué un motor suena como suena o por qué una suspensión trabaja de una manera determinada. Casi sin saberlo, esas revistas estaban trazando mi destino. Hoy, a través de mis vídeos, trato de devolver un poco de esa “droga dura” informativa que a mí me cambió la vida.

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