¿Conoces la revista SLOT? Nunca apareció… pero para ti sí

¿Alguna vez habéis buceado en el fondo de un viejo cajón o rebuscado en el trastero de vuestra casa y os habéis topado de frente con una auténtica cápsula del tiempo? A veces, la vida te regala estos momentos mágicos donde el pasado vuelve a cobrar vida en tus manos.

Este es un vídeo que sólo puedes ver si eres Socio de Garaje Hermético, por sólo 0,99 euros al mes; lo mínimo que pide Youtube. Aquí tienes toda la información.

Eso es exactamente lo que me ha ocurrido recientemente. Buscando entre montañas de papeles olvidados que llevaban décadas acumulando polvo en la oscuridad, me reencontré con un pedazo fundamental de mi propia historia, una revelación que me demostró que, en el fondo, mi destino ya estaba escrito mucho antes de que yo mismo fuera consciente de ello. Sin saberlo, tenía una profunda vocación de periodista corriendo por mis venas desde mi más tierna juventud.

Nos vamos al año 1977

Nos tenemos que trasladar mentalmente a mediados del año 1977. Por aquel entonces yo era apenas un chaval de diecisiete añitos con la cabeza llena de pájaros, de gasolina y, sobre todo, de una pasión desbordante por el motor y la competición. En esa época pre-digital, donde la información no estaba a un clic de distancia en un teléfono móvil, mi grupo de amigos y yo compartíamos una afición que nos volvía locos: el slot.

Las pistas de plástico, los pequeños coches a escala derrapando por los raíles y el olor a motor eléctrico caliente eran nuestro mundo. Y fue en medio de esa fiebre por las carreras en miniatura cuando tomé una decisión que, vista con la perspectiva que otorgan los años, resulta casi profética: decidí crear y editar mi propia revista.

Un fanzine de coches

El nombre que elegimos para nuestra modesta publicación fue, haciendo alarde de una apabullante originalidad adolescente, simplemente “Slot”. La forma en que elaboramos aquel primer y único número es hoy en día impensable. Todo se hacía a base de tijeras, pegamento, recortes meticulosos de otras publicaciones y viajes interminables a la copistería para hacer fotocopias. Era pura artesanía editorial, un “fanzine” creado con más ilusión que medios. Había guardado celosamente todos aquellos frágiles papeles, bocetos y maquetas, pero con el paso vertiginoso de los años y las décadas, habían quedado completamente sepultados en el rincón más remoto de mi memoria.

Hace poco decidí desenterrarlos, desempolvarlos y ordenarlos cuidadosamente para poder compartirlos con todos vosotros. Y os tengo que confesar una cosa con total sinceridad: el mayor sorprendido al ver el resultado he sido yo mismo. Tras revisar aquellas páginas amarillentas, no puedo evitar sentir un inmenso orgullo. Para ser el trabajo artesanal de un chaval de diecisiete años sin ninguna formación, ¡os aseguro que esa pequeña revista no tenía absolutamente nada de mala pinta!

Fijaos en la magnitud de la anécdota: os estoy hablando de que, casi veinte años antes de comenzar a trabajar profesionalmente como periodista del motor, de empezar a recorrer el mundo probando coches y escribiendo para las grandes cabeceras, mi mente ya había “imaginado” y estructurado una revista por completo.

Las revistas de coches: todo un vicio

Evidentemente, tenía buenos ejemplos donde mirarme. En aquella época dorada de la prensa escrita, las revistas de coches eran para mí un verdadero e insano “vicio”. Literalmente, me gastaba todo el dinero de mi modesta paga semanal en comprar publicaciones del motor. Y si no me compraba más revistas no era por falta de ganas, sino sencillamente porque no había más títulos disponibles en los quioscos para saciar mi inagotable sed de conocimiento automovilístico.

Siempre os digo, y no me cansaré de repetirlo, que tengo muchísimo que agradeceros a todos vosotros, mis fieles amigos y seguidores de este canal. Y este rescate histórico es el mejor ejemplo de ello. Si no fuese por el incondicional apoyo que me brindáis a diario y por las ganas de ofreceros siempre contenidos únicos y personales, jamás me hubiese tomado la enorme molestia de hacer este trabajo de arqueología personal. Por eso, permitidme que os dedique con todo el cariño este hallazgo, este mítico y nunca aparecido número uno de la revista “Slot”… ¡Va por todos vosotros!

Ha sido un proceso muy especial, un trabajo sin un guion estricto, dejando fluir los recuerdos mientras Rodrigo, detrás de la cámara, se peleaba sudando la gota gorda con la iluminación y los encuadres para lograr que unos folios viejos, ajados y descoloridos por el tiempo pudieran ser mínimamente legibles y reconocibles en la pantalla. Una verdadera “Misión Imposible” audiovisual para que vosotros podáis disfrutar de esta exclusiva histórica.

Los que gozamos de buena salud, tenemos la obligación de ser felices

Al final, cuando echo la vista atrás y reflexiono sobre todo este camino vital, la conclusión a la que llego parece ser siempre la misma. Me viene inevitablemente a la cabeza una brillante reflexión del genial periodista y escritor Juan José Millás, que dijo: “Los que gozamos de buena salud tenemos la obligación moral de ser felices”. He adoptado esa frase como un auténtico lema de vida.

Mentiría si dijera que he hecho realidad todos y cada uno de los sueños que tenía cuando pegaba aquellos recortes en 1977. No, no llegué a ser piloto de Fórmula 1, ese sueño se quedó por el camino. Así que todos mis sueños no se han cumplido, pero muchísimos otros sí. Y el mayor de todos, conseguir ganarme la vida dignamente hablando, escribiendo y respirando coches, fue, es y será siempre mi mayor éxito.

Un sueño hecho realidad que he podido alcanzar y mantener gracias a personas maravillosas como vosotros que estáis al otro lado de la pantalla. Y creedme, no es peloteo barato de YouTube, os lo aseguro con el corazón en la mano: es la más pura y absoluta verdad.

Comparte

Te puede interesar