¿Por qué me gustan tanto los coches?

A veces me detengo a pensar y me doy cuenta de algo curioso: los coches ya no me gustan tanto como antes… ¡me gustan muchísimo más!

Bienvenidos a uno de los vídeos más personales y, a la vez, más difíciles que he grabado jamás. No vengo a hablaros de fichas técnicas, de potencias de motor o de la última novedad del mercado desde mi faceta profesional.

Este es un vídeo que sólo puedes ver si eres Socio de Garaje Hermético, por sólo 0,99 euros al mes; lo mínimo que pide Youtube. Aquí tienes toda la información.

Hoy quiero hablaros como aficionado, como ese niño que se quedaba absorto mirando una miniatura y que hoy, décadas después, se sigue quedando embobado mirando las líneas de un Lancia Stratos o un Renault 5 Turbo.

Este vídeo es una reflexión compartida. Me he preguntado muchas veces: ¿Por qué me gustan tanto los coches? Y la respuesta, aunque parezca increíble, no es sencilla.

El origen de una pasión

Si me preguntáis cuándo empezó todo, la respuesta es “siempre”. Recuerdo perfectamente cuando mi tío volvió de Alemania y nos trajo regalos; mientras otros niños pedían juguetes convencionales, mi conexión con las cuatro ruedas ya estaba ahí.

Mi padre no tuvo su primer coche hasta los 40 años, un R6 nuevo en 1974. Recuerdo aquel momento como si fuera ayer. Lo curioso es que mi padre ¡ni siquiera tenía carné! Salíamos a dar vueltas de noche, con nocturnidad y alevosía, siendo mi madre y yo los verdaderos entusiastas cómplices de aquellas aventuras.

Para mí, subir a un taxi era una fiesta y pasar las tardes leyendo el Arias-Paz (mi libro de cabecera) para luego salir a la calle a ver cómo “funcionaban” en vivo las cosas que había leído, era mi pasatiempo favorito.

Mucho más que transporte: Sensaciones

Para mí, el coche siempre fue sinónimo de libertad. Mi viejo Seat 850 fue mi segunda casa y el escenario de mil historias que un caballero no debe contar. Pero más allá de las anécdotas, mi pasión se divide en cuatro pilares fundamentales:

Sensaciones Estéticas: Los coches son esculturas rodantes diseñadas por el viento. He pasado horas admirando cada curva de una carrocería, desde miniaturas hasta coches reales, encontrando belleza en ángulos donde otros solo ven metal y cristal.

Sensaciones Mecánicas: Entender qué está pasando bajo el capó, cómo trabajan las suspensiones y sentir el cambio me hace disfrutar el doble. Esa curiosidad me llevó incluso al mundo del Slot y el Radio Control, donde crear y ajustar tu propia máquina es una satisfacción inigualable.

Sensación de Movimiento: Existe una necesidad biológica de movimiento y cambio de escenario. Contemplar el paisaje mientras avanzas produce un placer humano ancestral. Es como la vida misma: lo importante es notar que vas progresando.

Sensación de Dominio: Dominar la máquina, especialmente en circuito o competición, es una experiencia mística. Llevar el coche al límite, sintiendo ese miedo respetuoso que provoca un placer indescriptible. Como suelo decir: si alguna vez has sido piloto y nunca has sentido miedo, es que no ibas lo suficientemente rápido.

Una vida dedicada al motor

Hace poco me preguntaron en una entrevista qué haría si tuviese una segunda vida. Con todo lo que me gusta viajar y navegar, mi respuesta fue clara: me dedicaría otra vez a los coches. Quizás sea una enfermedad, pero es una enfermedad que disfruto cada día. Los coches unen diseño y tecnología de una forma que nada más logra hacer. Son máquinas con alma que nos han permitido llegar más lejos, física y emocionalmente.

Ahora quiero escucharte a ti: Este vídeo pretende ser el más participativo de nuestra historia. He compartido mis motivos y mis recuerdos más profundos, pero ahora te toca a ti.

¿Por qué te gustan tanto los coches a ti? ¿Cuál es ese primer recuerdo que te vinculó a este mundo?

Os leo en los comentarios.

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