Soberbia, compras desastrosas y motores que fallan. Todas las marcas tienen una cara oculta que prefieren no airear, y Peugeot no es una excepción. En este episodio de nuestra serie “El lado oscuro de…”, analizamos los momentos más polémicos de una marca que ha pasado de ser un imperio familiar intocable a verse obligada a pedir ayuda externa para no desaparecer.
El dilema de la Guerra y el pacto con Porsche
La historia de Peugeot durante la ocupación nazi es un ejercicio de funambulismo moral. Bajo la supervisión directa de Ferdinand Porsche, la planta de Sochaux produjo material bélico para el Tercer Reich. Aunque la familia Peugeot apoyó a la Resistencia en la sombra, la colaboración oficial con el enemigo provocó que la propia aviación británica (RAF) bombardeara sus fábricas en 1943, dejando un rastro de destrucción y dilemas éticos que aún hoy resuenan en su historia.
El “Canibalismo” de Citroën y el desastre de Talbot
En los años 70, Peugeot mostró su faceta más agresiva. En 1974 absorbió a una Citroën en bancarrota, pero en lugar de fomentar su innovación, la “domesticó”. Peugeot canceló el proyecto del motor Wankel y se deshizo de Maserati, matando el alma tecnológica de Citroën para imponer plataformas compartidas.
Poco después, la compra de Chrysler Europa por un dólar simbólico resultó ser un regalo envenenado. Peugeot resucitó la marca Talbot para intentar dar salida a modelos obsoletos y de pésima calidad. La aventura fue tan desastrosa que casi lleva a la quiebra total a la compañía, salvada únicamente por el éxito inesperado del legendario Peugeot 205.
La pesadilla del motor “Prince” y los fallos del 307
Si hablamos de fiabilidad, Peugeot tiene manchas difíciles de borrar. La alianza con BMW para crear los motores 1.6 VTi y THP (familia Prince) resultó en una catástrofe para miles de usuarios. Cadena de distribución que se estiraba, bombas de alta presión que fallaban y un consumo de aceite excesivo fueron la norma. Lo más oscuro fue la gestión de la marca, que durante años culpó a los usuarios mientras estos afrontaban reparaciones millonarias.
Tampoco podemos olvidar el escándalo del Peugeot 307 en el norte de Europa, donde fallos eléctricos graves provocaron incendios espontáneos, obligando a llamadas a revisión masivas que pusieron en entredicho los procesos de calidad de la firma francesa.
2014: El fin de una dinastía de 200 años
El capítulo final de esta historia oscura ocurrió en 2014. Tras años de pérdidas económicas y crisis de producto, la familia Peugeot, que había controlado el destino de la empresa durante dos siglos, tuvo que rendirse. Para evitar la quiebra técnica, cedieron el control al Estado francés y a la empresa china Dongfeng. Fue el fin de la era familiar y el paso previo a la integración en el gigante Stellantis.
Peugeot es un superviviente nato que ha sabido resurgir de sus cenizas, pero su historia nos recuerda que la soberbia empresarial y los fallos en la fiabilidad técnica dejan cicatrices que tardan décadas en cerrar.

