Mis comienzos: Redactor deportivo

Siempre os he contado que mi primer artículo fue sobre slot y que poco después me convertí en probador de coches. Pero, ¿qué pasó entre esos dos momentos?

Hoy doy un salto al pasado para contaros cómo fue mi intensa y apasionante etapa como redactor deportivo cubriendo los fines de semana de motor.

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En aquella época, los fines de semana de competición no tenían nada que ver con los actuales. Eran eventos maratonianos con mítines de hasta 10 carreras donde se mezclaban categorías como la Copa Renault, la Copa Fura, clásicos y turismos. Cubrir todo eso para una revista requería muchísimo esfuerzo y una logística muy particular.

La sistemática de trabajo en los circuitos

Gracias a Luis Alberto Izquierdo, que convenció al director Eduardo Azpilicueta de la necesidad de enviar a dos redactores al circuito, pude empezar en este mundo. Eso sí, el presupuesto era estricto y el ritmo frenético:

  • Viajes muy ajustados: Compartíamos coche, habitación de hotel y comíamos siempre de menú para que los gastos fueran lo más bajos posible.
  • Un fin de semana sin respiro: Viajábamos los viernes; el sábado lo dedicábamos a hacer entrevistas a los pilotos y asegurar las fotografías; y el domingo era el día grande de carreras, recopilación de tiempos y el rápido viaje de vuelta a casa.
  • Fotógrafos a la fuerza: En aquellos años, todos los redactores teníamos que ser también fotógrafos para ilustrar nuestras crónicas.

Periodismo 100% analógico y a contrarreloj

El regreso a la redacción era una verdadera carrera de fondo. Todo el proceso era completamente analógico y artesanal: había que revelar los carretes fotográficos, seleccionar las mejores imágenes, escribir a máquina de escribir y pasar por la estricta y temida revisión de los textos por parte del director en los cierres de edición.

Además, debíamos revisar las pruebas de imprenta a un ritmo vertiginoso, logrando algo que hoy parece increíble sin internet ni tecnología digital: que la revista estuviera a la venta en los quioscos el mismo martes con toda la información del domingo.

Lo que yo no sabía durante aquellos fines de semana de estrés, viajes baratos y máquinas de escribir, es que todo ese esfuerzo era en realidad un examen.

Quizás gracias a mi dedicación como redactor deportivo en los circuitos, me ofrecieron finalmente el trabajo de mis sueños como probador de coches.

Tuve suerte y supe aprovecharla, pero, sobre todo, estuve rodeado de grandes amigos que me ayudaron en el camino. A todos ellos, y a vosotros por seguir ahí, mil gracias.

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