Hoy en Garaje Hermético vamos a hacer algo diferente. Sin guion, sin filtros y, sobre todo, “con comillas”. Hoy os voy a enseñar una serie de intimidades y secretos que, hasta el día de hoy, no había enseñado a nadie, ni a mi pareja, ni a mis hijos, ni a mis amigos. Es una exclusiva total para vosotros.
Este es un vídeo que sólo puedes ver si eres Socio de Garaje Hermético, por sólo 0,99 euros al mes; lo mínimo que pide Youtube. Aquí tienes toda la información.
He rescatado una vieja caja con recuerdos de mi adolescencia y quiero abrirla aquí, en directo, para explicaros algo fundamental: mi relación con el slot. Pero cuidado, no vamos a hablar solo de slot como hobby, sino de lo que significó conceptualmente para mí.
Para muchos es un juego, pero para mí el slot fue mucho más que eso. Fue la plataforma donde pude desarrollar todas las facetas que me fascinaban del automovilismo real y que, por falta de presupuesto para karts o motos, no podía practicar en la pista grande. El slot fue mi gran “campo de entrenamiento”.
Los coches de escala me llevaron a ser ingeniero
En este vídeo os cuento cómo estos coches a escala me permitieron ser ingeniero, mejorando la mecánica y diseñando carrocerías artesanales con papel y cartulina. Me permitieron sentirme piloto, compitiendo al máximo nivel para “redondear el círculo virtuoso”. Pero también fue mi escuela de periodismo, donde hacíamos nuestros propios boletines y revistas a base de imaginación y fotocopiadora, y mi escuela de negocios, aprendiendo a organizar clubes y buscar sponsors vitales como el desaparecido “Círculo de Automóvil” de Madrid.
Tratad de verlo como yo lo veía entonces: para mí, aquello era automovilismo de verdad. Yo lo vivía con la misma intensidad que si estuviera diseñando un coche de Fórmula 1.
Así que, dejémonos de rollos. Si queréis entender de dónde viene mi pasión y ver qué tesoros esconde esta caja, acompañadme en este viaje al pasado. ¡Abrimos la caja!

