La policía y yo: Mis confesiones más inconfesables

No puedo empezar de otra manera que no sea con una advertencia seria: ¡No hagáis estas cosas! Lo que vais a escuchar hoy son anécdotas de una vida dedicada a probar coches, a veces al límite, y de una relación con los agentes de tráfico que ha pasado por momentos… digamos que complicados. Estas historias solo se pueden contar aquí, entre amigos del canal, porque fuera de este entorno sonarían a auténtica locura.

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Respeto a los de “a pie”

Antes de entrar en materia, quiero dejar algo muy claro: mi agradecimiento y respeto absoluto a los agentes de tráfico que están a pie de carretera. He hablado con muchos guardias civiles y hay que tener una vocación de servicio inmensa para asumir su responsabilidad, asumiendo riesgos y enfrentándose a situaciones muy desagradables para ayudarnos a todos. Otra cosa muy distinta son los mandos y los políticos que legislan sin escuchar a los que de verdad saben, que son los que están sobre el asfalto.

Una advertencia sobre el “presentismo”

Para entender estas historias, os pido que no caigamos en el error de juzgar el pasado con los ojos de hoy. Lo que hoy sería impensable, hace décadas formaba parte de un mundo del motor mucho menos vigilado y estandarizado. Además, admito que he heredado de mi padre cierta aversión a la autoridad: respeto máximo, sí, pero una incomodidad genética que me ha metido en más de un lío.

Un repaso a mis mayores “desencuentros”

En este vídeo, sin guion y a corazón abierto, os cuento situaciones que hoy parecen sacadas de una película:

  • ¿Tiene prisa?: La pregunta que nunca debes responder con un “¿está prohibido?”. Aprendí la lección de la peor manera.
  • Derrapes y “carnés falsos”: Aquella vez que el Honda NSX me puso en un compromiso serio con la autoridad.
  • Tres generaciones sin carné: Lo que ocurre cuando te pillan midiendo prestaciones y velocidad máxima en el lugar equivocado.
  • Pintar la carretera de Madrid a Burgos: Una anécdota de mis tiempos en las revistas de coches que casi acaba en tragedia burocrática.
  • El Opel Rekord en Vicálvaro: Mis comienzos, donde aprendí que las manos van más rápido que el sentido común.
  • El peligroso Asia Rocsta: Un todoterreno con ballestas, neumáticos de madera y una tendencia suicida al derrape que casi me cuesta un disgusto.
  • Filmados en exclusiva: Fuimos pioneros en grabar cosas que, quizá, no deberían haberse grabado.
  • El lío de las matrículas: Circular con placas diferentes delante y detrás, o directamente con matrículas “especiales”, es una forma rápida de hacer amigos de uniforme.
  • ¡Por favor, múlteme a mí!: La surrealista situación organizando un viaje de altos ejecutivos en moto por España.

Conclusión

Han sido muchos años y, aunque me sigan pasando cosas, os aseguro que en la carretera soy la persona más respetuosa y educada del mundo. Eso sí, cuando entro en un circuito, ahí no perdono a nadie.

¿Y tú? ¿Cuál ha sido tu mayor desencuentro con la autoridad o esa anécdota que todavía no te atreves a contar en público? Te leo en los comentarios.

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