Nuestros padres y abuelos nos enseñaron muchos trucos para conducir mejor y conseguir que el coche durase cientos de miles de kilómetros. Y muchos de aquellos consejos tenían todo el sentido del mundo… en los coches de entonces.
El problema aparece cuando intentamos aplicar esas mismas recetas a un automóvil moderno.
Los motores han cambiado radicalmente. Hemos pasado de bloques de hierro fundido, carburadores y mecánicas relativamente sencillas a motores con tolerancias extremadamente pequeñas, turbocompresores, inyección electrónica, distribución variable, filtros antipartículas, válvulas EGR y multitud de sensores y sistemas electrónicos.
Por eso, algunos consejos de toda la vida no solamente han dejado de ser útiles: pueden provocar averías muy caras.
En este vídeo repasamos diez de los más habituales.
Aceite más denso
Uno de los grandes clásicos es utilizar un aceite más denso cuando el motor acumula muchos kilómetros. En motores antiguos podía servir para compensar parcialmente el aumento de las holguras provocado por el desgaste. En uno moderno, utilizar una viscosidad distinta de la indicada por el fabricante puede perjudicar la lubricación, especialmente durante el arranque en frío, y afectar a elementos como la distribución variable, los taqués hidráulicos o el turbocompresor.
Calentar antes de usar
También ha quedado anticuada la costumbre de dejar el coche varios minutos al ralentí para que el motor se caliente. Los motores actuales alcanzan mejor su temperatura de funcionamiento circulando suavemente. Tras arrancar y dejar unos segundos para que el aceite circule, lo recomendable es iniciar la marcha sin exigir demasiado al motor mientras está frío.
Acelerón antes de acabar
Otro hábito que conviene desterrar es dar un acelerón justo antes de apagar el motor. En un coche moderno, especialmente si está equipado con turbo, no aporta ninguna ventaja y puede someter al turbocompresor a un esfuerzo completamente innecesario.
Circular a bajas revoluciones
También hablamos de la obsesión por circular siempre a muy bajas revoluciones y en marchas largas para ahorrar combustible. Llevar continuamente el motor “ahogado” puede aumentar las vibraciones, castigar el volante bimasa y favorecer la acumulación de carbonilla en elementos como la EGR o el filtro antipartículas.
Neumáticos nuevos, ¿delante o detrás?
¿Y dónde debemos montar los neumáticos nuevos cuando solamente sustituimos dos? Aunque tradicionalmente se decía que debían colocarse delante, especialmente en los coches de tracción delantera, la recomendación general es situar los neumáticos con mejor agarre en el eje trasero. Una pérdida repentina de adherencia detrás puede provocar un sobreviraje mucho más difícil de controlar para un conductor medio.
Líquido de frenos
El líquido de frenos es otro gran olvidado. Que el coche siga frenando no significa que el líquido esté en buenas condiciones. Es higroscópico, es decir, absorbe humedad con el paso del tiempo. Esto reduce su punto de ebullición y puede favorecer además la corrosión interna de componentes del sistema de frenado. Por eso debe sustituirse siguiendo los intervalos establecidos por el fabricante.
Filtros de aire deportivos
Repasamos también los filtros de aire deportivos lavables impregnados en aceite. En determinadas aplicaciones pueden tener sentido, pero una lubricación excesiva del filtro puede contaminar algunos sensores de masa de aire y provocar problemas de funcionamiento.
Limpieza del vano motor
Otra costumbre poco recomendable es limpiar el vano motor con una lanza de agua a presión. Un automóvil actual está lleno de conectores, sensores, centralitas y componentes electrónicos. Aunque estén preparados para soportar las condiciones normales de funcionamiento, someterlos directamente a agua a alta presión puede provocar filtraciones, corrosión y posteriores fallos eléctricos.
Bajar un puerto en punto muerto
También desmontamos uno de los mitos más persistentes: bajar una pendiente en punto muerto para ahorrar combustible. En los coches modernos de inyección electrónica, cuando descendemos con una marcha engranada, sin acelerar y dentro de determinadas condiciones, la gestión electrónica puede cortar la inyección de combustible. Además, mantener una marcha engranada permite aprovechar el freno motor y reduce el trabajo de los frenos.
Agua en lugar de anticongelante
Y terminamos hablando del sistema de refrigeración. Utilizar agua como sustituto habitual del refrigerante no es una buena idea. Los motores modernos combinan diferentes metales y materiales y necesitan líquidos específicamente formulados con aditivos anticorrosión y otras propiedades. Lo correcto es utilizar siempre el refrigerante que cumpla las especificaciones indicadas por el fabricante.
La tecnología del automóvil ha cambiado muchísimo y también debe cambiar nuestra forma de cuidarlo.
Porque quizás el mejor consejo “de toda la vida” sea precisamente dejar de fiarnos de los consejos de toda la vida cuando contradicen las especificaciones del fabricante.
¿Cuántos de estos trucos sigues utilizando? ¿Y cuál te enseñaron a ti cuando empezaste a conducir?
