EL Isuzu D-Max, en su nueva versión 2.2 Ddi nos reconcilia con una filosofía que, lamentablemente, parece estar en peligro de extinción. En un mercado inundado de SUV asfálticos y vehículos que priorizan el “infoentretenimiento” sobre la capacidad de tracción, probar un verdadero Todo Terreno, lo dije al hablar del 1.9 y lo vuelvo a decir, un soplo de aire fresco.
¿Y qué tiene de nuevo el Isuzu D-Max? Pues el flamante motor 2.2 Ddi. La marca nipona es una leyenda viva en la fabricación de motores diésel y vehículos industriales y parece que ha escuchado las plegarias no ya de los más puristas, sino de aquellos que por trabajo o hobby necesitan espacio, polivalencia y verdaderas cualidades todo terreno.

Si el modelo anterior ya destacaba por su fiabilidad, esta nueva entrega viene a corregir el único “pero” que los aficionados más exigentes podían ponerle al 1.9: la respuesta a bajo y medio régimen… ya era buena, ahora es excepcional.
Vamos a analizar tuerca a tuerca este pick-up que, os adelanto, es un TT con mayúsculas.
Corazón de hierro: El nuevo motor 2.2 Ddi y su transmisión
Para entender la magnitud del paso adelante que ha dado Isuzu con este nuevo D-Max, primero debemos mirar a su antecesor. Hasta ahora, el D-Max confiaba en el eficaz bloque de 1.9 litros. Un motor que, empujado por las estrictas normativas anticontaminación apostó, de alguna manera, por un cierto downsizing.
Era y es una roca en cuanto a fiabilidad, con 163 CV que movían el conjunto con dignidad y unos consumos muy contenidos. Sin embargo, en el mundo del 4×4 puro y del arrastre pesado, la cilindrada sigue dictando las reglas.

Los puristas echaban en falta ese “pulmón”, esa entrega de fuerza inmediata a bajísimas vueltas que solo un bloque de mayor cubicaje puede ofrecer sin depender exclusivamente del soplado del turbo.
El triunfo del Rightsizing
Isuzu ha dado un golpe en la mesa olvidando la tentación del downsizing en favor de lo que los ingenieros llaman rightsizing, lo que podemos traducir como “el tamaño adecuado”.
El nuevo bloque 2.2 Ddi con doble árbol de levas, inyección directa common-rail de ultimísima generación y turbo de geometría variable, es una auténtica maravilla de la termodinámica aplicada al trabajo duro.
¿Qué cambia respecto al 1.9?
Prácticamente todo en cuanto a sensaciones y rendimiento:
Aumento de potencia y par: La potencia se mantiene… lo qué puede sorprender a muchos. Pero es que lo realmente importante no son los caballos en la zona alta del cuentavueltas, sino el par motor. El nuevo 2.2 entrega unos demoledores 470 Nm de par, frente a los 360 Nm del modelo anterior.
Entrega desde el ralentí: Esta es la gran victoria. El par máximo está disponible apenas superadas las 1.400 rpm y se mantiene plano en una meseta hasta las 2.600 rpm. Esto significa que cuando estás empanzado en barro o arrastrando un remolque de una tonelada o más en una pendiente, el motor no se ahoga; simplemente empuja como un tractor.
Refinamiento térmico y acústico: Pese a ser más grande, el nuevo bloque vibra menos. Isuzu ha trabajado en los soportes del motor hidráulicos y en el aislamiento del cortafuegos, logrando que el traqueteo diésel característico en frío se atenúe, aunque sin perder esa sonoridad a “hierro del bueno” que a muchos de vosotros y desde luego a mí nos gusta.

Una caja de cambios a la altura
Toda esta nueva caballería y fuerza de arrastre sería inútil sin una transmisión capaz de digerirla. Isuzu ofrece dos opciones, ambas profundamente revisadas respecto a las que acompañaban al bloque 1.9.
Por un lado, la caja manual de 6 velocidades estrena un embrague reforzado, con un diámetro mayor para soportar el incremento de par. El tacto de la palanca sigue siendo mecánico, de recorridos largos pero precisos para saber exactamente qué marcha tienes engranada cuando estás rebotando en una trialera… perfecto para un TT.
Pero la verdadera estrella es la nueva caja automática de 8 relaciones, firmada por el especialista Aisin. Isuzu ha reprogramado por completo la centralita de esta transmisión (TCU). En el modelo anterior con el motor pequeño, la caja a veces se volvía “dubitativa”, bajando marchas constantemente al menor repecho para mantener el motor en la zona óptima del turbo.

Con el nuevo 2.2 y su par a raudales, la caja automática aprovecha la inercia. Los convertidores de par bloquean antes, reduciendo el deslizamiento y transmitiendo la fuerza de forma mucho más directa a las ruedas.
Además, en modo secuencial o manual, ahora obedece con mucha más rapidez, reteniendo la marcha incluso cuando llegamos al corte, algo vital al descender pendientes pronunciadas en reductora.
Gama, precios y equipamiento: Un D-Max para cada necesidad
Isuzu estructura la gama del nuevo D-Max 2.2 Ddi de manera muy interesante, abarcando desde la herramienta de trabajo más espartana hasta el vehículo de ocio (“lifestyle”) más sofisticado. La familia se divide principalmente por el tipo de carrocería y, posteriormente, por los acabados.
Tipos de Carrocería
Cabina Sencilla (Single Cab): Dos plazas, la caja de carga más larga de la gama. Pensada estrictamente para uso agrícola, forestal o industrial.
Cabina Extendida (Space Cab): Cuatro plazas, con unas pequeñas puertas traseras de apertura inversa tipo “suicida”. El equilibrio perfecto para quien necesita cargar mucho volumen pero ocasionalmente lleva a compañeros de trabajo o herramientas valiosas en el interior.
Doble Cabina (Crew Cab): Cinco plazas reales, cuatro puertas convencionales. Es la opción más demandada en Europa, combinando el uso diario familiar o de ocio con las capacidades de carga en la caja trasera.
Niveles de acabado y precios estimados
Mejor os pongo un cuadrito con lo más destacado. ¡Ojo! Los precios indicados son aproximados para el mercado español, sin incluir descuentos promocionales ni deducciones por matriculación como vehículo industrial.
| Acabado | Enfoque | Equipamiento Destacado | Precio Aprox. (Desde) |
|---|---|---|---|
| Work / N60 B | Trabajo Duro | Llantas de acero 18″, aire acondicionado manual, tapicería lavable, ADAS básicos, diferencial trasero bloqueable. | 33.500 € |
| N60 F | Polivalencia | Llantas de aleación, pantalla táctil 7″, Apple CarPlay/Android Auto, cámara trasera, faros antiniebla, control de crucero. | 38.000 € |
| N60 FF | Confort | Pantalla 9″, climatizador bizona, llantas bitono, sensores de parking del/tras, asistentes de conducción avanzados, estriberas. | 43.500 € |
| V-Cross | Ocio y Lujo TT | Cuero, asientos calefactables, estética oscurecida deportiva, equipo de sonido premium, faros Full LED, suspensión optimizada. | 49.000 € |
El equipamiento: Seguridad de Serie
Algo que hay que aplaudir a Isuzu es que no escatima en seguridad, independientemente de la versión. Incluso en la versión más básica de chasis desnudo para trabajo, el D-Max incorpora un paquete de Sistemas Avanzados de Asistencia a la Conducción (ADAS) impresionante, gracias a su cámara estereoscópica frontal. Esto incluye frenada autónoma de emergencia, asistente de mantenimiento de carril, lector de señales y, en las versiones automáticas, control de crucero adaptativo.

Pero para los aficionados al off-road, como es mi caso, el mejor equipamiento de serie se esconde en los bajos: el bloqueo del diferencial trasero al 100×100, que ahora es estándar o fácilmente equipable en casi toda la gama, complementando a la tradicional tracción 4×4 conectable con reductora.
¿Cómo va? La esencia del 4×4, el verdadero Todo Terreno
Y llegamos a la parte que a todos más os interesa: Cómo va. Y os lo adelanto: Muy bien. En cuanto el motor 2.2 Ddi cobra vida, lo hace con un sonido contenido pero poderoso, el momento de engranar la “D” en la caja automática y de ponernos en movimiento.
Quiero ser muy claro y rotundo: Lo primero que sientes es que estamos ante un verdadero Todo Terreno. Y esto es algo que se nota de forma abrumadora en cuanto recorres los 100 primeros metros. En una época donde todo intenta parecerse a un turismo de tacto suave e inerte, el D-Max te exige y te recompensa recordándote lo que llevas entre manos.

Esa primera impresión imborrable
En esos primeros 100 metros, te invade una profunda sensación de robustez. Sabes que vas sentado sobre un chasis de largueros y travesaños forjado en acero de alta resistencia. La dirección, aunque ha mejorado su asistencia, sigue teniendo ese “peso” característico que te informa de todo lo que ocurre bajo los neumáticos.
Y luego está el rodar. Aquí es donde los puristas vais, vamos, a sonreír. Sentir el tacto de la suspensión, con ese tarado preparado para soportarlo todo, es una experiencia mecánica pura. Esa sensación característica de los verdaderos TT al sentir la suspensión por ejes rígidos (con sus formidables ballestas en el tren trasero), te “informa” de cada irregularidad del terreno.
Sí, la parte trasera es rebotona cuando la caja de carga va vacía al pasar un bache, pero no es un defecto, es una declaración de intenciones. Es el precio que se paga con gusto por saber que esa misma suspensión absorberá una zanja de medio metro en el monte sin inmutarse ni desfallecer, articulando de maravilla para mantener las ruedas en el suelo.
La altura a la que conducimos nos permite una excelente visibilidad. Vas por encima de los todocaminos de moda, con una vista panorámica envidiable. Y, por supuesto, no podemos olvidar el placer de sentir el par motor. Al acariciar el pedal del acelerador, el nuevo bloque 2.2 te empuja desde el fondo de las entrañas. No necesitas subir de vueltas; el coche avanza a base de “fuerza bruta” y par, con un ronroneo grave que transmite pura confianza. Es un compendio de sensaciones mecánicas, sonoras y físicas que, honestamente, proporciona muchísimas satisfacciones a los aficionados al TT de toda la vida.

Cualidades fuera del asfalto: Su hábitat natural
Si en asfalto tiene un encanto innegable por esa cierta “rudeza” sincera, cuando abandonamos “lo negro” es cuando el D-Max 2.2 Ddi justifica cada euro que cuesta. Lo hemos probado en una verdadera pista de pruebas 4×4 y los resultados son espectaculares. Aunque se podrñia haber llegado mucho más lejos… todo se andará.
Geometría de TT puro: Sus ángulos libres son excelentes. Un ángulo de ataque de 30,5 grados, un ángulo de salida de 24,2 grados y una altura libre al suelo que supera holgadamente los 24 centímetros (dependiendo del neumático). Esto significa que puedes atacar laderas escarpadas sin miedo a arrancar los paragolpes.
Capacidad de vadeo: Con una toma de admisión elevada y protecciones estancas, el D-Max puede sumergirse en ríos y pozas hasta los 800 mm de profundidad.
La tracción total y la reductora: El sistema de tracción conectable (2H, 4H, 4L) funciona como un reloj suizo. El paso de tracción trasera a 4×4 largas (4H) se puede hacer en movimiento hasta los 100 km/h gracias al sistema Shift-on-the-fly. Pero cuando la cosa se pone fea de verdad, paramos, ponemos punto muerto y metemos la reductora (4L). Aquí es donde el nuevo motor brilla. La relación de reducción multiplica el inmenso par del motor 2.2 por más de dos. Al soltar el freno en una pendiente del 40%, el D-Max escala al ralentí, sin que toques el acelerador. Susurra, tracciona y trepa.
El bloqueo trasero: Si te encuentras con un cruce de puentes extremo donde dos ruedas quedan en el aire (algo difícil gracias al buen recorrido del eje trasero), el control de tracción electrónico actúa rápido frenando la rueda en el aire. Pero si pulsas el botón mágico del bloqueo del diferencial trasero, el eje se vuelve solidario. Ambas ruedas traseras giran a la vez, garantizando el empuje necesario para salir de la trampa de barro más viscosa o de la trialera más suelta.
Robustez bajo el caparazón: En los bajos, este coche lleva protecciones de chapa de acero de serie para el cárter, el transfer y el depósito de combustible, algo vital en el off-road extremo y que muchas marcas solucionan hoy con tristes plásticos.
Conclusión
El nuevo Isuzu D-Max 2.2 Ddi no es un coche para todo el mundo, y gracias a Dios que es así. Es un vehículo que algunos calificarían de “áspero “en la ciudad, grande para los parkings de los centros comerciales y su suspensión no tiene el refinamiento asfáltico de un SUV premium.
Pero para aquellos de nosotros que manchamos los neumáticos de barro por gusto o por necesidad, para quienes arrastran remolques pesados por rampas imposibles, o simplemente para el aficionado que ama la mecánica robusta y atemporal, este coche es una joya.
Es un verdadero TT, una herramienta infatigable que ha ganado el pulmón y el músculo que necesitaba con su nuevo bloque 2.2. Isuzu ha creado una máquina que respeta la herencia del Todo Terreno, ofreciendo una experiencia al volante que es pura satisfacción para los que llevamos la afición en la sangre.
Si estabais esperando la prueba de un verdadero TT, el momento ha llegado. El nuevo D-Max es, hoy por hoy, uno de los 4×4 más puros e indestructibles que el dinero puede comprar.

