Vamos a cambiar nuestro Ford Grand C Max por un coche híbrido enchufable, pero tenemos dudas sobre la oferta que encontramos.
Pregunta
Tengo un Ford Grand C Max con motor Ecoboost 1.0 de 13 años y estamos pensando en cambiar de vehículo, máxime ahora que vamos a ser padres.
Lo único que más o menos tenemos claro es que queremos un híbrido enchufable por lo que utilizamos el vehículo (unos 50 km a la semana).
Buscamos un coche de unos 45.000 € con descuentos incluidos (por mi situación solo pago un 4% de iva).
Hemos visto el Rafale Spirit Alpine híbrido enchufable por 45.000 € con todos los extras (precioso aunque perdemos un poco de maletero por la estética ocupé) y el nuevo Toyota Rav4 de unos 44.000 € pero no nos ha llamado, por un lado la estética y por otro que no llegaría hasta febrero.
La semana que viene vamos a ver el Omoda 9 y el Kia Sportage. El Omoda parece un coche precioso pero nos da miedo.
Que coche podría ser aconsejable comprar de estas características a día de hoy? Tenemos un lío…
Respuesta
La elección de coche nuevo es la segunda más importante tras la vivienda habitual. Por eso debe hacerse con cabeza y tras estudiar bien las necesidades y el mercado.
Si ya ha elegido la tecnología híbrida-enchufable como su preferida, ya no es tan difícil encontrar modelo.
Tenga en cuenta que la batería -aunque no tan costosa como la de un cien por cien eléctrico- también tiene una vida limitada.
Lo que corresponde a su familia es un coche de segmento C (de unos 4,5 metros de longitud). Y si quiere un SUV, los hay con carrocería normal o “coupé”.
Las marcas chinas buenas ya implantadas en Europa ofrecen una alta tecnología (especialmente la eléctrica) y un respetable nivel de acabado para su precio. El único miedo que puede producirle es la fiabilidad a largo plazo, que aún no han podido demostrar por su juventud.
En las webs oficiales podrá encontrar toda la oferta de cada marca en enchufables (no hay tantos) y decidir. Aunque lo mejor para comparar es ir, verlo y montarse en el coche.
Y, luego, por supuesto “hacer las cuentas”, porque los coches vienen ahora cargados con equipamiento inútil: iluminación interior multicolor, funciones que nunca se usan, ayudas que desconectamos nada más sentarnos, avatares e informática poco práctica, asientos de piel vegana (el skay de toda la vida…) que elevan el precio de forma artificial.
Lo importante es la potencia del motor, la autonomía en modo eléctrico y el peso (que habitualmente es excesivo, lo que repercute en los consumos en cuanto se agota la batería en un viaje).

