Después de recibir “Luz verde” por vuestra parte a través de los comentarios me lanzo con esta segunda entrega de “Mi primera carrera” que incluye un azaroso viaje desde Madrid a Estoril para participar en mi primera carrera, la experiencia inigualable de esa primera experiencia y la vuelta, por suerte, menos accidentada.
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¿Cómo me metí en el lío de las carreras?
Lo vuelvo a repetir por si alguien “aterriza” en este video sin ver el primero: Ambos vídeos van de cómo me metí en el lío de las carreras… un lio en el que de algún modo he estado más de 40 años… y sigo estando si alguien me lo solicita…
En esta segunda entrega sí que hablo de esa primera carrera… Una verdadera experiencia. Os pido disculpas porque lo de hoy es casi un podcast… no tengo casi fotos, no había móviles y una cámara de fotos, para mí, era un lujo.
Así que nos vamos a primeros del año 1982… tenía 22 añitos y una ilusión infinita… Ahora tengo más años, menos pelo, pero la misma ilusión.
La salida: Una fiesta
Para un chaval de Vicálvaro, que solo había salido una vez de España, solo este viaje ya era una aventura. Los más jóvenes desconocerán detalles como el hecho de que había que cambiar moneda, pesetas por escudos, había frontera, ¡con horario!, nada de teléfonos móviles y, en mi caso, como dice un amigo mío, ¡tenía menos dinero que “un tío nadando”! Mis amigos me despidieron como si fuese a la Luna.
El viaje: Accidentado
Mi hermano iba delante con su precioso Simca 1200 Ti, cochazo, con cuatro amigos, tienda de campaña, comida y la mayor parte del equipaje. En mi coche, biplaza por las barras, íbamos mi novia y yo. Con el grupo corto, el crucero era “cien, ciento, cien”, vamos, 110 km/h como mucho. Salimos tarde, las fronteras cerraban y la noche nos confundió… tuvimos un accidente cuando menos curioso.
¡No tenía segunda!
Llegue muy preocupado: La segunda prácticamente no entraba… Por suerte, en ese circuito de Estoril, solo la parte exterior del actual, ¡solo había curca de segunda! Era rapidísimo. No era el ideal para estrenarse…
Primeras vueltas: ¡Que haces!
Había rodado con un Seat 127 Especial 1010 en Calafat… esa era toda mi experiencia. Y salí a pista como ese perro que lleva en casa todo el día, la abres la puerta y sale disparado… muy motivado… demasiado. ¡Menos mal que me paró Javier de Castro!
Incendio a bordo.
Tras “bajarme los ánimos” comencé a rodar. ¿Conocéis el circuito? Antes de la recta hay una parabólica a derechas y con poca gasolina, íbamos probando exactamente esto, el coche se descebo. Paré en boxes… menos mal. Habría el capo y salían llamas… y yo sin extintor
Durmiendo en el coche
No había dinero para hotel ni cosa parecida. Mis amigos dormían en tienda de campaña y mi novia y yo dormíamos en el coche… hechos un ovillo. Más bien intentamos dormir… La primera noche, cero, la segunda sí durmimos, gracias a Javier de Castro… Creo que, sin él, seguro que habría corrido, pero me habría costado mucho más.
¡A hacer tiempos!
Los entrenamientos cronometrados salieron bien. Fui de menos a más y me metí más a menos al principio de la primera mitad… Lo consideramos un buen comienzo. Eso sí, había una curva que la tenía atragantada y salía apoyado en el guarda rail… no es broma.
Primera salida y ”pierna rebotona”
Siempre digo que las salidas es lo mejor que hago como piloto… pero esa primera salida fue algo muy especial para mi… todo el procedimiento de salida… cuando llegué a mi sitio, como en las películas, pasó toda mi vida por mi mente: Mis padres, mi hermano, mi tío Pepe que decía que correr era cosas de ricos… Creí que iba a calar el coche, me temblaba la pierna izquierda.
¡Qué listo soy! ¿O no?
Salí bien y tras la primera curva vi un hueco y dije: “Voy a adelantar unos cuantos coches” … hasta que vi porque había ese hueco…
Objetivo conseguido
No romper el coche y acabar entre los diez primeros.
¡Que dura la vuelta!
Tras la carrera, tras ver la carrera de la Copa R5 “Grande” como la llamábamos nosotros y comer algo, había que volver. La vuelta fue realmente agotadora.
Y el lunes: A trabajar
En esos años, no lo he dicho hasta ahora, era camionero. Madrugaba muchísimo para ir a la cementeras, yesera y fábricas de materiales de construcción para ponerme de los primeros en las largas colas… la media de edad de mis compañeros era más del doble que la mía y esas esperas, con suerte en baretos de poca monta junta a las fábricas, rodeados de gente para mi “mayor” que a las 5 de la mañana tomaban copas y carajillos mientras me miraban con una sonrisa de suficiencia mientras me tomaba un Cola-Cao… no me gustaban mucho… y menos tras un fin de semana tan duro… pero había que trabajar para pagar las carreras.
¿Valió la pena?
Siiiiiii
Conclusión
Un adelantamiento, apurar la frenada a un rival, una curva rápida pie a fondo, conducir a tope bajo la lluvia… hay muchas situaciones en las carreras que como piloto elevan tu adrenalina, de alguna manera casi se puede decir que lo pasas mal y a la vez disfrutas mucho.
Pero no hay nada parecido a una salida. Para mí una salida parada en un circuito es lo máximo, el momento culminante para un piloto, donde hay que saber dar lo mejor y no dejarte llevar por los nervios… Y, os lo confieso, nunca olvidaré esa primera salida.

