Os he contado muchas veces la lista de los coches que he tenido, pero nunca la de aquellos que se quedaron en el “casi”. De algunos llegué a dar una señal, otros los negocié hasta el último céntimo, y en la mayoría de los casos… o no me llegaba el dinero o lo necesitaba para cosas más importantes, como comprar una casa o criar a mis hijos.
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El “problema” de ser periodista del motor es que pruebas los coches, te ponen la miel en los labios y, al devolverlos, siempre piensas: “Me encantaría quedármelo”. Aquí tenéis la lista de mis amores frustrados, ordenados cronológicamente, y las razones (a veces dolorosas, a veces cómicas) por las que no acabaron en mi garaje:
Suzuki SJ 410 (1985)
El inicio de la fiebre 4×4. Con su motor de 1.0 litros y menos de 900 kg, era un auténtico matagigantes fuera del asfalto. Me sedujo su capacidad, pero al hacer números vi que como coche único para viajar era inviable. Años después me quité la espina con un Jimny.
Renault 5 GT Turbo (1985)
El mito de los 80. Motor 1.4 de varillas y balancines, carburador y ese turbo que daba una patada explosiva. Soñé con comprarlo no para la calle, sino para correr la Copa Renault de circuitos. El presupuesto no cuadró.
Citroën Visa GTi (1985)
El “patito feo” eclipsado por el 205 GTi, pero que compartía su brillante motor 1.6 de inyección (XU5J). Tras un viaje al circuito de Calafat volví enamorado de cómo iba.
BMW 318is E30 (1989)
Conocido como el “Mini M3”. Fue el primer 4 cilindros 16 válvulas de gran serie de BMW con 136 CV. Un equilibrio perfecto con suspensión M-Technic. Fue amor a primera vista, estaba dispuesto a vender lo que fuera, pero en el 89 un BMW era inalcanzable para mí.
Mazda MX-5 “NA” (1990)
El renacer del roadster. Tracción trasera, faros escamoteables y sensaciones puras. Lo probé y decidí comprarlo. ¿Qué pasó? Que me divorcié. Y las prioridades económicas cambiaron drásticamente.
Jeep Wrangler 4.0 (1991)
El de faros cuadrados. Lo apodé “caballo loco”. Con 190 CV y su inmenso par motor, era una bestia en trialeras y sorprendentemente rápido en carretera. Disfruté como un enano probándolo, pero mi cuenta corriente no opinaba lo mismo.
Ford Escort RS Cosworth (1992)
Un chasis de Sierra acortado con carrocería de Escort y el famoso alerón “cola de ballena”. Una máquina de Grupo A de calle. Hice cuentas y no llegaba, así que cometí el error de conformarme con el Escort 2.000 4×4 atmosférico… que me decepcionó profundamente.
Audi A5 Coupé (2007)
El diseño de Walter de Silva. Iba decidido a por un coupé elegante con la nueva plataforma modular de Audi. Pero la realidad familiar se impuso: éramos cuatro en casa. Entré preguntando por un A5 y acabé comprando un monovolumen, un Citroën C4 Picasso. Así es la vida.
Nissan GT-R R35 (2009)
Quizás la historia más dolorosa. El “Godzilla” con motor V6 Biturbo montado a mano y tracción ATTESA E-TS. Llegué a dar la señal para reservar uno. Estuve rozando el sueño de tener un coche capaz de batir a superdeportivos que costaban el doble.
Alfa Romeo 4C (2013)
Un coche radical: chasis monocasco de carbono, sin dirección asistida y menos de 1.000 kg. Di el “sí quiero”, fui a por él… y alguien más rápido se me adelantó y se llevó la unidad disponible.
Soñar es gratis
Los aficionados siempre estamos configurando mentalmente nuestro garaje ideal. A veces se consigue, y otras veces, simplemente se disfruta del proceso de desearlo. ¿Cuál ha sido ese coche que tú estuviste a punto de comprar y al final se escapó?

