Es el momento perfecto para mirar por el retrovisor. Ahora que todos los medios dicen lo que nosotros ya dijimos hace dos años, que Seat va a desaparecer, hacemos un repaso a nuestra dolorosa costumbre de dejar morir lo nuestro. Hoy recordamos a legendarias marcas españolas que, ya sea por culpa de políticos incompetentes, por envidia, por mala gestión o por la suma de todo, han desaparecido o están a punto de hacerlo.
Joyas masacradas
La historia de nuestra industria automotriz está llena de joyas masacradas. Comenzamos por La Hispano-Suiza (1904-1946), una marca que no nació para hacer utilitarios, sino para humillar a la aristocracia europea en calidad, tecnología y refinamiento. Marc Birkigt diseñó motores tan avanzados que incluso la inalcanzable Rolls-Royce tuvo que agachar la cabeza y pagar por usar su patente del revolucionario sistema de servofreno. Lamentablemente, nuestras guerras y la burocracia de la posguerra colectivizaron y expropiaron la mejor marca europea para acabar haciendo camiones.
De aquellas cenizas nació Pegaso (1946-1993), conocido por muchos como el “Ferrari español”. Dirigida por el genio Wifredo Ricart, Pegaso creó en 1951 el increíble Z-102, un coche que llegó a batir el récord mundial de velocidad en Bélgica alcanzando los 243 km/h. Un hito que enfureció al mismísimo Enzo Ferrari. Sin embargo, su alto coste de fabricación artesanal hizo que el gobierno cerrara el grifo de manera incomprensible, ordenando cancelar el proyecto y destruir moldes y planos.
Barreiros, el “Henry Ford español”
Tampoco podemos olvidar a Barreiros (1954-1978). Eduardo Barreiros, conocido como el “Henry Ford español”, levantó un imperio desde la nada en la dura posguerra, motorizando a España y fabricando motores diésel asombrosamente eficientes. Su ambición por fabricar turismos le llevó a aliarse con el gigante americano Chrysler. Pero las tóxicas condiciones de compra y la absorción hostil de los americanos asfixiaron financieramente a la empresa, acabando con la dimisión de nuestro mayor genio industrial, que vio cómo Wall Street devoraba su sueño.
En el sur, Santana Motor (1956-2011) vivió su propia gran traición política. Lo que empezó como un éxito ensamblando y mejorando los míticos Land Rover y, posteriormente, aliándose con Suzuki para fabricar superventas como el Samurai o el Vitara, terminó en un absoluto desastre. La salida de los japoneses, hartos de la conflictividad laboral, y la posterior nacionalización por parte de la Junta de Andalucía convirtieron a la empresa en un pozo sin fondo de dinero público. Sin plan de viabilidad y tras fracasos técnicos antológicos como el Santana Aníbal, el gobierno andaluz liquidó la empresa definitivamente.
Seat, el motor sociológico español
Y finalmente, llegamos a Seat, la crónica de una muerte anunciada que estamos viviendo en directo. SEAT (1950 – Presente) fue el motor sociológico de España, la marca que bajó a los españoles de la vespa y los metió en la clase media con el entrañable 600. Tras sobrevivir al abandono de Fiat y vivir una edad de oro absoluta bajo el paraguas del Grupo Volkswagen, hoy sufre una traición cocinada en los despachos alemanes. La escisión de Cupra como marca independiente ha dictado sentencia de muerte para SEAT. Todo el presupuesto y la innovación se vuelcan en Cupra, mientras a SEAT se la arrincona intencionadamente, dejándola envejecer para obligarla a vender patinetes bajo la etiqueta de micromovilidad. Un crimen a cámara lenta.
Hemos visto cómo nuestras guerras, la ineficacia de los políticos, las trampas de las corporaciones extranjeras y la nefasta gestión acabaron con verdaderas joyas de la ingeniería. Marcas con alma que fueron sacrificadas en despachos lejanos.
