Luca de Meo, ex CEO de Renault, ha dicho que los coches eléctricos están diseñados para las personas a las que no les gustan los coches y que no aprovechan las ventajas de sus pequeños motores y las posibilidades de ubicación de sus baterías para hacer coches bonitos, originales, diferentes… No puedo estar más de acuerdo, pero… “Luca… tío… ¿Por qué no cambiaste las cosas cuando podías?” Este es un video diferente… te lo prometo.
Los coches convencionales son como son, porque tenían que dar cabida a los elementos mecánicos como motor y cambio, que había en cada época, el chasis era pieza aparte y la transmisión por debajo, con lo cual tenían que ser altos. La estética ha ido evolucionando de la mano de la evolución de la tecnología. El diseño exterior de los coches está supeditado por el volumen y la posición de sus partes mecánicas… dicho esto…
La mayoría de los coches eléctricos tienen más o menos las mismas proporciones de coches convencionales, pero con guiños, no siempre afortunados, a la modernidad: Paneles lisos, parrillas que no son parrillas, proporciones que nos parecen erróneas. Coches que, en el mejor de los casos, son anónimos, casi vulgares y que para muchos y parecen electrodomésticos con ruedas.
Una oportunidad revolucionaria
Justo cuando surge una oportunidad revolucionaria que, en mi opinión, muchos fabricantes están desaprovechando de forma lamentable. Porque los motores eléctricos, se puede decir que no ocupan espacio, en ocasiones van en las mismas ruedas, y las baterías puede ser de formas dispares y ponerse donde queramos, nos hay transmisión, solo unos cables… libertad casi total para el diseñador… que no se aprovecha. ¿Por qué? Son varios los motivos…
Y aquí llega el primer gran problema de muchos eléctricos: Nacen con plataformas compartidas. Es decir, el fabricante parte de la base de un coche de gasolina y la adapta para meterle baterías y un motor eléctrico. No se diseña desde cero.
Un intento de que el coche eléctrico parezca “un coche de verdad”, por miedo a que el cliente se asuste. Pero al hacerlo perdemos una oportunidad: La de que los coches eléctricos tengan personalidad propia. Como me dijo un diseñador: No son “un diseño honesto”.
No es un diseño que responde a las necesidades, sino que vive acomplejado, disfrazado de lo que ya no es. Es un quiero y no puedo funcional que se traduce en una estética muy convencional en ocasiones incluso vulgar, en un artificio innecesario. Incluso cuando tienen éxito.
Faltan ideas originales
Esa falta de ideas originales se suple con artificios, un “ruido visual” en el que se abusa de los detalles para compensar la falta de una sustancia, de una silueta poderosa: Inserciones en azul eléctrico o tonos similares para que quede claro que es “eco”, llantas con detalles de colorines por supuesto estrechas y carenadas, interiores que parecen más una tienda de electrónica que un coche, con pantallas gigantescas que eliminan cualquier sensación de calidez o de conexión con la conducción. Es un diseño que grita intenta gritar “¡Mírame, soy del futuro!” en lugar de recurrir a la elegancia de las formas bien entendidas sin detalles estridentes.
¿Partimos de una hoja en blanco?
¿Y si diseñásemos un eléctrico pariendo de una hoja en blanco? En este momento es cuando…la historia se pone interesante. Porque la arquitectura de un coche eléctrico puro, diseñado desde cero en una plataforma dedicada, es una auténtica revolución. Es una hoja en blanco para los diseñadores, la mayor oportunidad que han tenido en un siglo.
Olvídense de todo lo anterior. Aquí tenemos lo que se conoce como plataforma “skateboard” o monopatín. Una base plana que contiene las baterías. Es el suelo del coche. Los motores son increíblemente compactos, a veces uno en cada eje, a veces solo en el trasero.
¿Qué significa esto? Porque hay muchas oportunidades:
- El capó ya no tiene por qué ser largo. Puedes acortar el morro drásticamente.
- Sin motor de combustión ni caja de cambios, puedes adelantar el habitáculo.
- El parabrisas puede nacer mucho más adelante, ganando un espacio interior gigantesco.
- El túnel de transmisión desaparece. El suelo es completamente plano.
- Puedes llevar las ruedas a los extremos del coche. Alargar la distancia entre ejes al máximo y reducir los voladizos a la mínima expresión.
Esta nueva arquitectura debería dar lugar a coches con proporciones radicalmente nuevas y emocionantes. Coches más espaciosos por dentro con un tamaño exterior más contenido. Coches con una silueta de “cabina adelantada” que hable de futuro y de eficiencia espacial.
Algunos ejemplos
Para mí ya hay ejemplos de coches eléctricos diferentes,
BMW i3. Un coche ejemplar en el sentido que hablamos porque es bonito, va bien, es diferente y se utilizan las ventajas que aporta un eléctrico para ser un coche diferente. Tanto es así que se postula como uno de los pocos eléctricos llamados a ser “clásicos” mi exmujer tiene uno y le he dicho que no lo venda…. O que me lo venda a mí.
Honda e. Un coche urbano, encantador con un diseño que no mira al pasado de la combustión, sino que reinterpreta los compactos clásicos de motor trasero. Es pequeño por fuera, pero sorprendentemente amplio por dentro. Es un diseño inteligente y coherente.
Lucid Air. El concepto de “espacio inteligente” de Lucid aprovecha la compacta motorización eléctrica para ofrecer un interior excepcionalmente espacioso, rivalizando con berlinas de mayor tamaño. Fíjate en su vista lateral, como el habitáculo esta inusualmente adelantado, siendo como es, una berlina.
Mercedes EQs. La característica más definitoria del EQS es su diseño “One-Bow” o “un solo arco” en el que la silueta del coche traza una línea fluida y arqueada desde el frontal hasta la zaga, sin interrupciones visuales. Esto le confiere un aspecto de coupé de cuatro puertas y, lo que es también importante, un coeficiente aerodinámico extraordinariamente bajo,.
Porsche Taycan. Hablamos de diseño, no de oportunidad o de estrategia de marca. Y desde este punto de vista este modelo mantiene una silueta deportiva clásica, pero aprovecha la plataforma eléctrica para tener un centro de gravedad increíblemente bajo y un morro más afilado y bajo de lo que sería posible en un Panamera.
Un nuevo lenguaje estético
Estos coches demuestran que es posible. Que la arquitectura eléctrica puede y debe generar un nuevo lenguaje estético, una nueva belleza funcional. Y no me quiero olvidar de los “remakes”, que cuando están bien hechos, es una solución casi diría que intermedia. Tomar iconos que todo el mundo valora, como el Renault 5, el Renault 4 o el Twingo, y reinterpretarlos en clave eléctrica. No se trata de hacer una copia retro, sino de capturar su espíritu, su carisma y sus proporciones icónicas y traerlas al siglo XXI sobre una plataforma eléctrica moderna.
A falta de ideas nuevas… puede ser una buena idea.
Conclusión
Os va a sorprender. Porque, me gusten o no, hay que reconocer que la ingeniería del coche eléctrico es, probablemente, la más brillante y revolucionaria que hemos tenido en un siglo. Solo falta que su diseño, de una vez por todas, se atreva a estar a la altura. Y entre esto y mejoras técnicas a lo mejor se consigue que los coches eléctricos tengan la capacidad de seducción de la que, en mi opinión, la mayoría carece.

